David Proaño (Ecuador)


La poesía de David recorre las pasturas acariciando girasoles y la corteza de las acacias. Sus versos llevan el sonido de cada paso hasta la inexistencia del tiempo ideal. Su palabra se hace cascada, luego luz, finalmente viento helado, porque leerlo es una adicción que termina con un gesto o que no termina nunca.


Girasoles en llamas

Un hilo de cascada baja de mi cabeza

recorre mi espalda hasta la inexistencia de todo tiempo ideal.

Arden las pasturas llenas de girasoles que exudan delirio

sobre el cielo de caminantes agrietados en su sombra

en su oquedad adelantada por un crepúsculo a sus espaldas.

Recorro las pasturas en llamas acariciando sus girasoles

acariciando las canciones del humus chamuscándose,

desvencijándose, despepitándose como un nudo gordiano

cortado de una vez por todas y para siempre

en la garganta.

 

Tengo tu hilo de cascada en mi entrecejo,

como un haz de plata

como el feto de una guadaña,

como el presagio de la naturaleza

sobre toda certidumbre.

Y me crece como un cordyceps o como un matapalo

abrazándome de muerte y sembrando en el aire

como único vestigio de mis pasos

un grito ahogado en llanto de plata

de sol

de pasturas en llamas repletas de girasoles crepitantes

enloquecidos, gravitando con la más sublime hermosura

su propia extinción.

 

 

Debajo de la lengua

Escamas de sombra respiran en mis ojos

me laten taquicardia

arrítmica

fibrilación

 

Es el gesto desesperado

de los abismos que huyen de la lengua

ocultándose debajo,

entre la ceniza de los bosques

donde las papilas no pueden ver

 

El sustrato de la palabra es la piromanía

o la adicción de los hablantes

a llenarse la boca con ceniza.

 

Entrar en el bosque es callarse la carne

heridas cerradas

y ojos abiertos debajo de la lengua,

las pupilas sumergidas en ceniza mojada

buscando abismos sueltos,

ocultos,

asustados

en el sonido de cada paso

como la cifra de la vida.

 

 

TQM, huesuda.

Me acuesto en el declive de la luz

donde un arrebol sin dientes me esconde la soledad

en el precipicio de los algarrobos.

 

Del horizonte inflamado de espinas arranco mi sangre

y dibujo entelequias sobre la corteza de la acacia

sonajas entre espinas, música del bosque, sonajas

entre espinas, un son sagrado de supervivencia

dormido en la hojarasca de mil niños estilando redención

obliterados por el viento helado de mayo.

 

Una calavera me mira desde adentro,

me reta a poner una palabra en su sonrisa.

Sabe que no puedo, por eso lo disfruta

y yo sé de qué va el juego, así que le devuelvo la sonrisa.

Y desentierro crisálidas negras de mi carne y las acuesto

en sus cuencas vacías.

 

Esta amistad algún día se va a convertir en llanto,

pero no será mi llanto, y mientras tanto colecciono

pepitas de cielo en sus oquedades.


Biografía

Alejandro Semchen (seudónimo de David Proaño) nació en el año de 1992, en Guayaquil. Inició sus estudios de sociología en la Universidad de Guayaquil, para luego continuar en la Pontificia Universidad Católica del Ecuador. Fue activista estudiantil y después de abrazar el veganismo se desempeñó como activista por la liberación animal y la defensa de la naturaleza en varios colectivos de las ciudades de Quito y Guayaquil. Estudió permacultura y agricultura regenerativa y actualmente trabaja en su proyecto de permacultura y terapia forestal ubicado en el sector de Limoncito, impulsando la protección del bosque seco tropical mediante la conservación y la forestería análoga. Ha participado en varios recitales de poesía en su ciudad natal y actualmente colabora en la publicación del fanzine Teriántropos, como gestor de la editorial independiente Sin Jaula, en proceso de conformación.

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