Ir al contenido principal

Angélica Morales (España)


La poesía de Angélica nos hará caminar sin rumbo por el paladar de la palabra. En sus versos la piel embiste a otra piel y el mundo se aprieta un poco más en el cariño. Morales nos escribe desde un lugar poseído por un perfume asombroso que llega cabalgando sobre el lomo de la tormenta. Ante la atenta mirada de los pájaros el poema nos rizara el alma y en sus letras nos quedará esa fragancia de una buena y vibrante lectura.

Desde Dinamarca a La Habana, yo te escribo
Me escribes desde un lugar poseído por la urgencia.
Me hablas del trato de tus amantes,
de que tienes que darle el desayuno a un hombre oscuro
que se bebe tu sexo de madrugada.
Me escribes,
una carta,
un perfume asombroso que llega cabalgando sobre el lomo de la tormenta.
Simplemente te sientas y me escribes,
como quien inventa una casa muerta
o una guerra
o un niño condenado a no encontrar jamás unos zapatitos de su talla.
Y te imagino quieto,
dentro de un cajón muy limpio.
afilando la pluma de una paloma que aún permanece en el pico del cielo.
Me escribes junto a la ventana.
Así lo veo yo,
un día de nubes ariscas,
de fuego en la casa dando vueltas junto a un pedazo de carne
y un ramillete de zanahorias.
Me escribes y mientras tanto la vida transcurre sin ti,
semáforos,
un político llevándose al pecho un puñal,
aquel anciano con mascarilla que picotea los telediarios sin llegar a decidirse.
La casa es suave y huele a hombre recién afeitado,
huele a semen y fruta dulce,
a esa colonia que usan las mujeres cuando van a misa
y exprimen su corazón sobre el mármol.
Me escribes tu vida,
episodios sencillos,
a lo mejor inciertos.
Escribes apoyado en la palabra,
brincando sobre la tripa de la palabra,
reventando la palabra.
Me escribes y en otro lugar acaba de lanzar un último suspiro un señor de edad media,
un señor que fumaba tabaco mariposa y golpeaba a su mujer cada sábado
sin faltar jamás a su cita.
Me escribes y el mundo se aprieta un poco más en el cariño,
se hace más ancho en la mirada de los pájaros.
Me escribes y el puchero se ha puesto a hervir
y te cantan los dolores de ayer
y te crece una isla distinta dentro de los ojos.
Me escribes y de repente una rosa comienza a menstruar,
lo hace en lento,
abriendo despacio sus piernas
esforzándose por no lanzar un alarido.
Me escribes y el papa comienza a masturbarse,
muy cerca del balcón,
tras aquellas cortinas color cereza donde un guardia dormita abrazado a su fusil.
Me escribes,
tarareas historias,
una disculpa,
te balanceas en frases cortas,
caminas sin rumbo por el paladar de la palabra.
Me escribes y entierras las erres porque hacen daño,
porque se parecen al ladrido de un perro rabioso,
porque hieren como un cristal o una promesa de amor en Dinamarca.
Me escribes y eso es todo,
desde una esquina del tiempo,
desde una piedra pensativa,
dejando atrás las compras,
el alboroto,
la fiebre de tu hermano,
la tos de dios al otro lado de tus nalgas.
Me escribes
(tic tac tic tac)
No hay modo de parar el camino de tus letras.
Tus letras como novia furtiva,
como muslos peludos donde germina el terror de la fe.
Me escribes,
un jardín,
una madre que se orina en las macetas,
aquel cañaveral a la orilla del río,
las navajas de los hombres,
el sudor del azúcar,
ese pantalón que echa a correr solo,
sin huesos
ni fotografías.
Me escribes y dejas de ser hombre y niño
para convertirte en animal domesticado,
en un anhelo muy pequeño que ronronea cerca de este poema.
El poema también ha empezado a escribirme,
se arremanga la piel y me escribe.
No queda nadie en la ciudad,
solo heces vagabundas
y Ferreira Gullar asomado al escote del agua.

El vestido era prestado y venía del mar
El vestido era prestado y venía del mar.
Yo tenía el rostro oscuro
y un bosque de ánimas entre mis muslos.
Tenía a dios haciendo cola en el supermercado.
Tenía a mis tíos repasando la luz de sus relojes a la fresca.
Tenía el pelo repleto de rulos
porque me quería rizar el alma
y el flequillo,
porque iba a tragarme a Cristo por primera vez
y andaba limpia.
(El sexo /
las ideas /
aquellas braguitas tan puras que se pusieron a gritar)
El vestido era prestado
y venía del mar,
pero el mar nunca estaba entre mis manos,
ni en aquella caligrafía antigua
que ordenaba el modo en que teníamos que tratar el vestido
y después devolverlo en la oficina de correos.
Yo estaba sola en mi habitación y había llovido.
Yo no sabía lo que significaba tragarse a Cristo,
solo que los tíos fumaban en la cocina
y la abuela repartía pastas
y otros niños iban vestidos de domingo
y se tiraban al suelo
y sus madres los cogían de las orejas
y los depositaban en el sofá como si fuesen joyas
o huevos de paloma.
El vestido era prestado
y mi padre contaba monedas en el salón.
Tenía los ojos pequeños
y usaba zapatos en punta.
Nunca quiso besar mi rostro oscuro
y ni siquiera se dio cuenta de que el vestido era blanco
y venía del mar.
A Cristo le pedí, cuando lo tuve en la boca,
un padre nuevo y un camisón de corazones.
Pero cuando llegué a casa
todo seguía igual,
los tíos en la cocina,
el tabaco mordiendo la soledad de las pastas,
los niños quietos en el sofá,
dios con el móvil sin cobertura.

Noches luminosas
Mañana habrá un hombre sentado en mi memoria.
La lluvia estará lejos,
solo alfileres de fuego rodando por mi garganta,
ese animal que busca,
la piel embistiendo otra piel,
una guerra de sustancias rotas.
(Por ejemplo ese delirio de madre en la madrugada /
ese sueño acolchado cuando las noches son luminosas
y no hay puertas que traspasar)

Maneras
Como quien pide pan o los harapos del agua.
Como quien camina sin saber muy bien
en qué lugar ha dejado el perfume de su corazón.
Como quien se tumba y besa la tierra
y amamanta un gusano geométrico.
Como quien saluda a dios y cae fulminado por la indiferencia.
Como quien come cabezas de reloj,
vísceras de polvo enamorado.
Como quien huye de su propia sombra
y se alimenta de tardes de lluvia
y muchachitas roncas que no saben articular palabra.
Como quien da un paso y retrocede
y cree divisar al monstruo que la vio nacer.
Como quien piensa y se quita la cabeza
y la deposita al borde de una hoja sin latido.
Como quien espanta santos y moscas y catecismos
y una luz sagrada que no es otra cosa
que el vacío de una bragueta sentimental.
Como quien cuenta monedas,
hambre,
manzanas huérfanas en el fondo de un ataúd.
Como quien reza y se revuelve y hace el amor
y abrillanta el grito de un puñal.
Como quien ve pasar los árboles encendidos,
el aburrimiento de un poeta las tardes de abril
Como quien se viste por los pies
y después se desnuda por el pico de su nariz.
Como quien salta y se abotona al pecho un invierno
y el cadáver de los años.
Como quien existe y sin embargo no conoce el silencio que lo nombra,
no sabe de qué manera darle caza a los potros de su sangre,
a qué hora tiene que sacar la basura
de la tristeza de un zapato.

Un rayito de Dios
El sentido oculto de las cosas,
pensar en la casa, por ejemplo,
en su respiración cuando ya no estamos,
en cómo hará para encender la luz de sus heridas a solas,
en si se pondrá a llorar durante el invierno,
cuando el fuego tiemble en otro lugar
y no hayan manos para aplaudir el latido de su corazón.
El perfume oculto de las cosas,
una rosa, por ejemplo,
su fragancia de mujer consumida
por el dolor de su propia belleza,
sin ningún sueño que llevarse a la boca,
el perfume o la sangre de esa rosa que nos mira en el silencio,
¿será verdadera?
Hay un rayito de dios dentro de su ser,
un misterio que rueda en el aire
y se hace gajo de naranja
o azúcar
o niñita rubia y tuberculosa.

Biografía
Nacida en Teruel (España), el 14 de agosto de 1970. Actualmente reside en Huesca (España). Escritora y directora teatral.

Licenciada en Historia Antigua por la Universidad de Valencia. Diplomada en escritura jeroglífica, por la Facultad de Teología San Vicente Ferrer de Valencia. Diplomada en arte dramático por la Escuela del Actor de Valencia.

Curriculum como escritora:
Premios Literarios (entre otros):
·     Ganadora del XXVII Premio Nacional de Poesía “Poeta Mario López” 2019 de Bujalance (Córdoba)
·     Finalista del Premio Azorín de novela 2018 (Diputación de Alicante – Editorial Planeta)
·     Ganadora del XVII Premio de Poesía Vicente Núñez, de la Diputación de Córdoba 2017
·     Finalista del Premio Planeta de novela 2017
·     Ganadora del XLVIII Premio Ciudad de Alcalá de Poesía 2017
·     Ganadora del 42 Premi Vila de Martorell (poesía en castellano) 2017
·     Ganadora del IV Premio Nacional de Poesía Poeta de Cabra (Madrid) 2016
·     Primer premio en modalidad de Poesía del IX Certamen Literario Internacional “Ángel Ganivet” de la Asociación de Países Amigos, (Helsinki, Finlandia) 2015.
·     Ganadora de la II Convocatoria Perversus GEEPP Ediciones (Melilla) 2015
·     Premio Internacional de Poesía Ciudad de Las Palmas de Gran Canaria 2013
·     Finalista Premio Ausiás March al mejor poemario publicado en 2012 (“Desmemoria”)
·     1er. Premio “Cuéntale un cuento a La Republicana” 2012.
·     Premio Internacional de Poesía Miguel Labordeta 2011.
Libros publicados (entre otros):
·     El sueño de la iguana (poesía). Utopía Libros, Córdoba, 2020.
·     Las niñas cojas (poesía). Ediciones En Huida, Sevilla, 2019.
·     Mujeres rotas (novela). Editado por TerueliGRáfica, Teruel, 2018.
·     España toda (poesía). Editado por Hiperión, Madrid, 2018.
·     Pecios (poesía). Editado por GEEPP Ediciones, Melilla, 2016.
·     Palillos chinos (novela). Editado por Mira, Zaragoza, 2015.
·     Monopolios (poesía). Editado por Prensas de la Universidad de Zaragoza, 2014.
·     Asno mundo (poesía). Editado por el Ayuntamiento de Las Palmas de Gran Canaria, 2014.
·     Desmemoria (poesía). Editado por el Gobierno de Aragón, 2012.
·     La huida del cangrejo. (novela) Editado por Mira, Zaragoza, 2010.
Prensa y Revistas Literarias
Colaboradora en el Diario 16Diario del Alto Aragón, en las revistas literarias Turia y Letralia, y en Los Cronistas, revista digital de literaria y de actualidad (Ecuador).

Comentarios

Entradas populares de este blog

Karina Gálvez (Ecuador)

La poesía de Karina es aquella perla que brilla en la noche. Sus versos se convierten en caricias que maniobran a rienda suelta hasta convertirse en nuestro centro de gravedad. Su voz abraza sobre lienzo y lona, llevándonos al remanso de la fantasía donde se galopa de rosa en rosa y donde el poema se convierte en piel. Derramará ríos de prosa para llevarnos a lugares en los que nunca estuvimos, entre el alma y el deseo, llenando madrugadas hasta que el secreto se vuelva luz. Amazona Él, con su amor, me ha raptado como a Antíope raptó Teseo, y una guerra ha desatado entre mi alma y mi deseo.   En vano elevé mi pelta para huir de su mirada, pues sus ojos traspasaron cual sol entre mis pestañas.   Como Hipólita, ceñí en mi vientre un cinto lleno de magia, que él maniobra a rienda suelta en todas nuestras cabalgatas.   Y es que, igual que Belerofonte, sobre Pegaso revuela.  Sus alas, que lo hacen libre, me vuelan a una luna llena.   Talestris y Ale

Paula Andrea Pérez Reyes (Colombia)

La poesía de Paula Andrea es la llama que danza sobre las melodías de cada momento. En sus versos se ha despertado mi deseo y encuentro vida. La escritora Pérez Reyes suspira sobre sus corrientes y mantiene encendida las palabras, los gritos y las líneas de nuestros cuerpos. Me refugio en su escritura para escapar hasta llegar a otro aire, otro tiempo. Ela sobre la laguna de Estigia A Gustave Doré que sigue en la barca Ela va en la barca sobre la laguna de Estigia Ela suspira sobre sus corrientes  Y en un vaivén de venenos para prolongar el recorrido  encuentra  un alma atrapada en una esquina de la barca. La vida es una débil llama que danza las melodías de momentos  Ela es una vela que se mantiene encendida  alumbra sobre la laguna de Estigia El tintineo de las monedas hace contraste entre las moradas de la tierra y el mundo del olvido. Esta noche no viene Flegias Esta noche no nos visitará Caronte Esta noche Ela deja los cuerpos a las puertas del abismo

Andrea Suarez Núñez (Ecuador)

Con la poesía de Andrea tendremos la excusa perfecta.  En sus versos seremos la antorcha en días de campo. Suarez nos derretirá con detalles, empañará nuestros ojos imaginándonos gritos de felicidad. Sus letras tienen un mensaje para el lector: no hay que caer en un abismo por alguien. La soledad en invierno El clima nublado y las manifestaciones de mi corazón  herido y roto combinaron tan bien el día de tu partida,  que empezó a llover cuando mis ojos se empañaron.  Por un momento me sentí consolada por ello,  pero el   dolor seguía inmerso. Fue así como una noche en invierno decidió partir de la compañía de este repulsivo ser, y sin fundamentos  cuestionables, incentivándome así a pedir una entrada para el lugar menos deseado, pero más visitado, la  soledad. Hotel 321 Estoy en la última habitación de aquel hotel que  solíamos ir, imaginando nuestros gritos de felicidad  inaudita, que ahora se convirtieron en noches de  desvelos desde que t