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Jorge Valbuena (Colombia)


Con los poemas de Jorge se desbordarán los sueños y nos crecerán las alas. En sus versos el mundo ya es un mapa cantado, rodeado de océanos de palabras perdidas en la que brotarán poesía.  Sus letras descifran la noche, eclipses, constelaciones, hasta el respiro de la niebla. En sus textos probaremos los vendavales, presentiremos el  viento que ha dejado la tarde y escucharemos su voz en el horizonte de la piel del tiempo.

Escapulario
Ercilia escucha noticias
para no sentirse sola
camina por la casa como por una multitud
barre       duerme            se inventa
una ciudad de voces que le aleje
tantos recuerdos hacinados
Presiente el mundo
entre nadies
vociferan que aquí y allá
pasa el tiempo importado
se entera del incendio
en una fábrica de hielo
de una masacre de ayeres postergados
de la prisión que perdió sus sombras
del precio de la brea
Es poca su atención, pero le crecen
habitantes sin destino entre sus manos
quemó los almanaques hace meses
le da igual si es luna llena o brilla
una efeméride desconsolada
quiere ser nieve
en una noche sin ahoras
y periodista de la nada
para informar
las últimas lloviznas del silencio

Gramática de los cielos 
Mi abuelo veía barcos donde yo veía orugas. Una nube puede ser muchas cosas –me decía- quizá mi barco sea tu oruga, si de repente a la nube le crecen alas el mío ya entonces será un avión y el tuyo una mariposa. Coleccioné así mis primeras lecturas siendo niño. Algunas eran trágicas cuando terminaban atravesadas por un relámpago. No siempre las nubes cuentan historias inofensivas. Otras me hacían reír hasta que caía la tarde. 
Abuelo siempre fue un gran lector, incluso cuando llegó a buscarlo la ceguera, me advertía que no me confiara de lo que creía haber visto en las nubes si quería llegar algún día también a descifrar noches, eclipses, constelaciones, hasta el respiro de la niebla. Ellas nunca permanecen fijas, su función es contar, aún si cierras los ojos, la historia seguirá avanzando sobre tu cabeza. Yo no lo creía cierto, siempre pensé que era una más de sus motivaciones para hacerme recordar nuestra costumbre… hasta aquella vez que caminé con él bajo la lluvia.  No abras el paraguas –me dijo- escucha lo que hemos escrito tantas veces en nuestro idioma.

La piel del tiempo
La saliva probó los vendavales
aprendió a murmurar en cada lengua ignota
decir azul cuando era el turno de la sierpe
roer en arameo           en sefardí
y a callar en bengalí por si asomaba la lumbre

Reunimos el temblor de lo salvado
dormimos bajo el trino del ñandú
en otras oquedades más arteras
escribimos el nombre de los ríos
pescamos sus palabras perdidas
                        miríadas de ellas
y brotó la poesía
para que tuvieran un océano

Hemos caminado tantas bocas
el mundo ya es un mapa cantado
retazos de humo
desde que pintamos
                               con heridas
Ceci n'est pas une poéme 
A la manera de Magritte

-El traje donde guardaste las palomas
dejó salir el hilo que lo apresaba-.

Su frío
el que bebía cuando golpeaba más fuerte
                                                    la intemperie
se ha incendiado de hielo
bajo dos árboles inconclusos.

Viejos han visto los botones
entre el destrozo de viento que ha dejado la tarde,
-ya el hilo cruza a esta altura
La edad de tu sombrero-.

Sólo queda el desierto
del hombre guardado en el closet
pensando en el sastre
-Desastre sin cortejo-.
En este tiempo ya duelen los olores.
Hoy Narciso se busca en los mares tempestuosos.
Desnudo el hombre
sujeta fuertemente su armadura.
-Has perdido el miedo a las corbatas-.

Se pone la luz
apaga el paraguas
maquilla sus valijas
le pone pipa a su cerradura
arcoíris a su perro.

Afuera el sol está inconsolable
los nidos son más laguna que el silencio.
En el horizonte sólo los años que lo han visto pasar
huyen del rocío.
Recuerda las palabras
hacinadas en los bolsillos
el hombre con traje de cielo
puede pagar con las nubes.
Picadura de tabaco
llueve sobre el camino
-A esta altura no sabes
dónde desbordan del sueño
                         los colores
                         humeantes-.

Trilogía de Altamira
I
Por no poseer barcas
ni apellido de Noé
los hombres naufragaron
en medio de las cuevas

Pigmentos de ahogo y soledad
pintaron animales elevándose
hasta el mar que cubría
el cielo de las rocas

Allí flotando en el olvido
salvaron las especies
de otras orillas sin rumbo 

II
El hombre que pintó las cuevas de Altamira
iba en busca de alimento
El hombre que las descubrió
iba en busca de su perro
el perro que se perdió iba en busca de la tarde

III
Una niña en 1879
mientras su padre buscaba tesoros en el suelo
le avisó:
¡Papá, mira esos tesoros hundiéndose en el aire!

Biografía
Jorge Valbuena (Facatativá, Cundinamarca, Colombia, 1985). Es Magister en Estudios de la Cultura con mención en Literatura Hispanoamericana de la Universidad Andina Simón Bolívar, Quito, Ecuador; Especialista en Creación Narrativa de la Universidad Central; y Licenciado en Humanidades y Lengua Castellana de la Universidad Distrital Francisco José de Caldas. Es promotor de lectura y gestor cultural. Integrante del Comité editorial de la Revista Latinoamericana de Poesía La Raíz Invertida.  Ha recibido reconocimientos como el Premio Departamental de Poesía de Cundinamarca en el 2008 por su primer poemario titulado Presos, el Premio de poesía de la Revista Surgente por el poemario Los arados del parpadeo (2008) y el Premio Distrital de Cuento Ciudad de Bogotá (2014).  Su obra Péndulos fue reconocida con el primer puesto en el concurso Bonaventuriano de Poesía en 2010, su poema Abismos del silencio fue ganador en el concurso nacional de poesía Palabra de la Memoria y fue finalista del IV Premio Nacional de Cuento La Cueva (2014). Es autor de los poemarios La danza del caído y Pasajera de agua, publicados por El ángel editor, Quito Ecuador, 2012 – 2014, y del libro Árbol de navío, de la Editorial Cuadernos negros, Calarcá – Quindío. Artista formador en los Talleres de la Red de Escritura Creativa – IDARTES, Bogotá. Profesor de la Escuela de Literatura del Centro Cultural Bacatá de Funza Cundinamarca.

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