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Fredy Rolando Ruilova Lituma (Ecuador)


Fredy nos invita a su mesa. La poesía de Ruilova es la manifestación simétrica de los cuerpos. Su obra tiene la felicidad intacta, es el camino que se nos atraviesa en la mirada. Su palabra será la ofrenda del festivo polvo de amasadas ternuras, el fuego del otoño que devora con cautela de un bocado la imagen. Mientras leemos iremos recogiendo las caricias invisibles a las locuras que callan los espejos.

El amor se percibe
El amor se percibe en la puerta del corazón
en las bisagras de piel de la palabra
perfumada en la cintura del agua
como tu boca dulce en donde se revientan ascuas
con olores de violeta en los caminos
de la noche de un errante otoño.

Mimado corazón en el sosiego vesperal
ofrenda del festivo polvo de amasadas ternuras
que se duchan en el huerto de las estaciones
como castañas de amor consumado
por la armonía de la luz, por la semilla encendida
en los balcones voluptuosos donde las mariposas
se desnudan para el retrato del sol.

Una serpiente pestañea, cierra mis ojos
y se revela tu imagen original
enredada en una manzana.

En torno a la mesa
Caminan cinco o seis palabras
En los platos. En el agua el miedo
Hace burbujas o agujeros
Como en una madriguera,
Una polilla rememora en la escalera
El árbol de la alquería que fue talado.
Mi nieta da brincos en la mesa como en el patio soleado
Se cansa y mira agitada el pequeño jardín
Y el nido de un mirlo. Para ella
El mundo es “ancho y ajeno”
Como la del insecto en la tierra
Delgada abonada con gotas de suspiros para que crezcan
Como su inocencia
Sin lamento las flores de la begonia y las ramas
Del único árbol de cedrón que allana la sed nocturna 
Arbusto escalera silenciosa para la cita con la luna.
La sonrisa es tan humana como la pereza
Y reímos en la penuria cobriza de los muros
En la eufonía de las puertas que se abren
Y cierran desafiando la monotonía del día.
Paseamos por el patio con lenta y callada astucia,
Nos enredamos en sus grietas
Y nos hechiza la hierba que ha brotado
En un camino que a diario jamás
Nos atravesó los ojos.

Sombra y silencio
Las tapias del patio son un cuadro que miramos
Sin la fugacidad cotidiana, es una obra
De teatro que resplandece.
Todo es una dulce caravana de adviento:
Las piedras, las flores, los árboles,
La sombra, el sol, el cuerpo, la voz,
La sombra, el sollozo y el crespón de la noche.
La sombra y el silencio en todos los rincones
Su peste tediosa que nos harta
Como una soga en la garganta
Como una espada que sentencia.
La casa cuidada y los platos limpios
Relucientes alas del pavo real
Intacta la felicidad con los enseres en su puesto
El polvo moribundo es una nostalgia
Un astro que extraña la escoba
Y la aspiradora.
El embrión de la ameba.
Aunque la palabra con escamas
Nos enerve con la lluvia de alcohol y cloro
Que han roto los tejados y sangrado las goteras
Nos llegan hasta el cuello en espejos
De cansancio. Recados a diestra y siniestra
Aislamiento temporal con polen de nicotina
Como el flagelo de un piojo en la nuca.

Tus manos dibujan un paisaje
La calle tiene la forma de una nota musical
Que se derrite, de esas que se escriben en la pizarra
Con manchas de cal a los costados
Y las huellas de unas manos inventadas,
La calle tiene piedras molidas
Que sin darnos cuenta más las trituramos
Cuando se descuelga una lágrima apagada
En el jardín lineal de tus labios puntiagudos.
Y el dorso de este empedrado suelo abarca solo dos cuerpos,
¡Qué raro! Mi cabeza presa en tu cabeza,
Cuando conversas, tu aliento cautivo con mi aliento
Cuando respiro en la única ruta que me lleva a tu boca.
En la nube diagonal de un sol abierto.
Tus manos dibujan un paisaje en mi cabeza
Mi índice un signo secreto en tu rostro,
El sol vertical inflama el paisaje
Y el viento se lleva tus manos y el secreto
En un dorado florecer de un violín en tus pupilas.
No escucho tus palabras
solo una música suave de sandalias
Como si se quedaran enzarzada entre los dientes
Emigran para posarse en el sonoro arbusto violeta.
Inquietas melodías que toman su camino
Transfiguradas en el último silencio de este recorrido.
Tu sonrisa al ritmo del fuego del otoño
Que devora con cautela de un bocado tu imagen.

Sentir
Tu voz
Mi voz      
Surco continuo
En la elipse de la bahía
Coro etéreo
Manifestación simétrica de nuestros cuerpos
Como cuando abre sus alas un pelícano
Como un proverbio rasante sobre la superficie
De las aguas.

Tus caricias
Mis caricias
Progresión inversa
En el camino del sol   
Se diseccionan en la frazada de la arena
¿De dónde viene la gente como serpentina de espuma?
del fuego de la roca de la playa
De dónde salió el sol quemado
entre las nubes violetas incendiadas.
Por qué canta la ola solo en murmullos
Es que dejó la voz colgada en las muletas
Quien recoge tus caricias cuando te despiertas
El vino con su aroma escondido en la copa.
Quien recorta los cuernos de hielo
El cuchillo que mira a otro lado
Como cuando la luna taja su luz,
En la carretera las cometas son torbellinos de sombra
Como las cenizas que se despegan de una nube,
Tus caricias son agujas brillantes
Porque tiritan en la escaramuza de mis labios.
Las manos son guardianes de la sangre caliente
Porque son centelleos en mis tensados nervios.
Se desploman en mi pecho tus ojos alambicados
Como candiles bordados de mariposas
Dejas mis brazos con acrobacias doradas
Para que devore en mi agonía tu boca azucarada.
Invisible en la locura de los espejos.

Biografía
Fredy Rolando Ruilova Lituma. Nacido en Azogues, Provincia del Cañar, Ecuador, el 12 de noviembre de 1956. Abogado. Miembro de la Casa de la Cultura Ecuatoriana, Núcleo del Cañar. Ganador de varios concursos de poesía provincial: Segundo premio: I Concurso Provincial de Poesía “Edgar Palomeque Vivar”. Primer premio: II Concurso Provincial de Poesía “Edgar Palomeque Vivar.  Primer Lugar en el III Concurso Provincial de Poesía “Edgar Palomeque Vivar. Premio Único V Concurso provincial de Poesía “Edgar Palomeque Vivar”. Libros publicados:” Rostros Innominados” (2018). “Encuentro de Vértigos” (2019). Colaboración en la antología “Piedras” Biblioteca Virtual de Argentina (2020).

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