Ir al contenido principal

Luis Eduardo Barraza (Venezuela)


La poesía de Luis Eduardo es el viento suave que mecerá los cuerpos para aferrarse a la piel de un nuevo invierno. Barraza escribe hasta donde alcance la memoria y el café amargo.  En sus versos encontraremos lo inusual de la materia y la lágrima sin lágrima que lo denuncia. Sobreviviremos a la luz intratable, a los desórdenes con frases seniles, a lo tóxico de saberse instruido y nos será revelado el esplendor de la luz de un poema en movimiento en el que dejaremos de ser invisibles y fugitivos. Los siguientes poemas pertenecen a su libro inédito llamado Impaces.

13
Uno entonces se pregunta agazapado en el residuo de su propia orina
si así van las cosas
sobreviviéndose al rescoldo de sus años

y propinas-gracias

incubado en la medialuna de sus ojeras
y los viernes por la tarde

desordenando con frases seniles
el vals de los zamuros
y la revelación de una baraja sobre la mesa

de lo retrete inaugural
y su fijeza de entraña

junto a un pocillo mordiente de porcelana
el amargo intuido de los hilos barbados del café     hacia dentro
que va tejiendo
y sin súplicas de anzuelos
las rameras horas del retrato que uno es a las 4 en punto de los patios contra la pared

o en medio del papel
y la luz intratable

y a tientas / subordinado a la altura de los bolsillos
y conmovido de coroneles y funerales sin sepultura
para darse a la vanguardia de caer mil veces heriforme al suelo por la misma bala

y con la mano en alto
como haciendo a un lado
el paraíso

de lo uno infiel
de uno mismo en armas

bajo la lluvia siempre
con pasaportes y nostalgias de cartón


14
Uno se agazapa en el residuo de la mañana (en los estertores del sueño)

e incluso en la etimología
de su propia mediocridad

Uno se señala a muchos rostros / y maneras
Uno tensa el arco tantas veces     hacia atrás

especulando / y errando siluetas
nombres y salvoconductos sin la menor importancia

Uno se da a la tarea de ejercitar la fragua, por ejemplo
deleitándose con el grosor y textura de la soga
con la estética del nudo
con la vulnerabilidad de los cuellos
con la altura exacta y la viga más adecuada / o rama, quizá
al aire libre mejor, se dice uno

y sin remordimientos más
inmóvil en la consumación del acto
zen-sitivo
ante el viento suave que mecerá los cuerpos
los pendulares y supuestos que uno mismo se da a la tarea
antes del café amargo
del agua fría de pote en las mudas carnes
de salir a la calle día tras día
a recoger su porción de no gracias
no podemos, no le alcanza, vuelva después

en busca de alguien para ofrecer la tercera mejilla

uno

irreparable en una banca cualquiera
al amparo de las flores y las estatuas grises
a sol y agua sazonándose en la medialuna de otra ausencia
en la lágrima sin lágrima que lo denuncia
en el escarabajo antropomórfico de sus adentros rituales

colgadores / y oficiantes

de la joroba al día
de la nada a nadie

como absuelto en uno uno mismo

                                          pero ya sin piedras

ni mañanas

                                                            para darle la cara

                                                                               al espejo


15
Uno apenas si descubre en su casa la visceralidad de los objetos
a ras de piso:

cabizformes / sordinantes / y delatores
plurales y canónigos en lo inusual de su materia

uno
que nada puede contra los dioses
inverosímil y estreñido entre las coyunturas del día
de concesiones y paraguas

incurable

en su casa uno
como cayendo ante la porcelana de los retratos
en las mesas de manos atadas
con un vaso de leche tibia en la mirada
de no beber

en lo nudo de una voz sin voz que lo persigue
y no mide las consecuencias de su parálisis en el poema
(que nadie corrige ya)

contra las paredes uno mismo
y varias veces irremediable de país

a secas
de ventana solo uno mismo en el espejo de su idiosincrasia
de no ser a fuerza de ladridos
madrugada o fruta
de los perros varios que le van naciendo
por las minervas del entendimiento

de saberse nadie a la altura de sus objetos
impropio en lo informe-necesario de seguir respirando
de la nariz a los pulmones esquivo de formas y cigüeñas
claraboyado contra el alma
indocumentado e insurgente

uno mismo
de adentros y afueras

y más beduino cada día

                                en los litigios bacos

y clandestinos

                                                          de su propia intrascendencia


16
Uno se interviene de muchas maneras, y marginales-gracias
del bisturí a la prótesis subiendo por las yemas en mudo Enoc
con el papel en blanco
de hacerse a un lado de la escritura

en la continua subordinación
de despertar más bajo cada día
para entrar por los huecos
y alisar más aún la piel evolutiva de un cuello ya sin plumas
ni pelos

invisible y fugitivo uno
en la disculpa continua de aferrarse una vez más
a las costuras de una existencia casi impropia
carroñera de verticales soles extranjeros
y cambiantes

uno
hospital adentro
y sin más concesiones que andar olfateando horizontes a ras del suelo
extraviando los años

a manos rotas el paraíso

con la voz
la sal y el hueso
de amputarse el alma
entre las enaguas de otra geografía

en el sin padre de las 4:30 am

uno mismo

y marginales-gracias

   de tan nadamente así


17
Uno se inicia en los esplendores de la luz

como el primero
o el último en la escala evolutiva
de su especie

irreductiblemente dócil
e ignorado

absurdo y susceptible
sobre la orfandad de una tierra demasiado rota
y estrangulada

demasiado poluciva e intransigente

uno ciego de ciudad en ciudad
estomacal en el instante mismo de la conciencia
de despertar justo al lado del camino

a sus 30

de un edificio a otro con ventanas abiertas
y periódicos y papeles amarillos girando en el cielo
confundiendo a los cuervos con las palabras en el aire frío

de un atardecer a otro
volviendo al día primero

al unívoco y atemporal

que pudo ser el lunes pasado, o el domingo aquel
o hasta donde alcance la memoria

en el simulacro de tenderse en el suelo una vez más               lagártico
sideral por conjetura
a base de armisticios absorbiendo uno la humilde porción de sol que lo nutre
y lo revela
en lo tóxico de saberse instruido en la culpa
en la autocracia repentina de encender las velas
hacia dentro

dispersando perros en cada esquina
tocando puertas bajo un mar de pasaportes
e inaugurando clínicas
y premios de consolación
al amparo de las piedras y los insectos

uno mismo
errando ya bajo la piel evolutiva de los años
los defectos

y las costumbres

como tratando de estirar la mano
para aferrarse a la piel de un nuevo invierno

de una nueva mañana
donde ocularse envejecer

Biografía
Luis Eduardo Barraza (Venezuela, 04-08-1990). Poeta y Licenciado en Letras. Autor de Calamarius (Valencia-España, 2018), Los días arqueados (Caracas-Venezuela, 2017) y Solicardia (Maracaibo-Venezuela, 2016). Ganador del Premio de Literatura Experimental del Sporting Club Russafa (España) y del Concurso Anual de Poesía Librería Lugar Común-Embajada de Italia (Venezuela). Poemas suyos han aparecido en revistas literarias como Latin American Literature Today (EEUU), Carruaje de pájaros (México), Círculo de poesía (México), Lowfi Ardentia (Puerto Rico-Nueva York), Otro páramo (Colombia), Poesía (Venezuela), entre otras. Poemas suyos han sido traducidos al Inglés y al Portugués. Su libro Los días arqueados fue traducido al Italiano. Es creador y director de la Biblioteca Virtual Poesía Vzla. 

https://poesiavzla.wordpress.com

Comentarios

Entradas populares de este blog

Karina Gálvez (Ecuador)

La poesía de Karina es aquella perla que brilla en la noche. Sus versos se convierten en caricias que maniobran a rienda suelta hasta convertirse en nuestro centro de gravedad. Su voz abraza sobre lienzo y lona, llevándonos al remanso de la fantasía donde se galopa de rosa en rosa y donde el poema se convierte en piel. Derramará ríos de prosa para llevarnos a lugares en los que nunca estuvimos, entre el alma y el deseo, llenando madrugadas hasta que el secreto se vuelva luz. Amazona Él, con su amor, me ha raptado como a Antíope raptó Teseo, y una guerra ha desatado entre mi alma y mi deseo.   En vano elevé mi pelta para huir de su mirada, pues sus ojos traspasaron cual sol entre mis pestañas.   Como Hipólita, ceñí en mi vientre un cinto lleno de magia, que él maniobra a rienda suelta en todas nuestras cabalgatas.   Y es que, igual que Belerofonte, sobre Pegaso revuela.  Sus alas, que lo hacen libre, me vuelan a una luna llena.   Talestris y Ale

Paula Andrea Pérez Reyes (Colombia)

La poesía de Paula Andrea es la llama que danza sobre las melodías de cada momento. En sus versos se ha despertado mi deseo y encuentro vida. La escritora Pérez Reyes suspira sobre sus corrientes y mantiene encendida las palabras, los gritos y las líneas de nuestros cuerpos. Me refugio en su escritura para escapar hasta llegar a otro aire, otro tiempo. Ela sobre la laguna de Estigia A Gustave Doré que sigue en la barca Ela va en la barca sobre la laguna de Estigia Ela suspira sobre sus corrientes  Y en un vaivén de venenos para prolongar el recorrido  encuentra  un alma atrapada en una esquina de la barca. La vida es una débil llama que danza las melodías de momentos  Ela es una vela que se mantiene encendida  alumbra sobre la laguna de Estigia El tintineo de las monedas hace contraste entre las moradas de la tierra y el mundo del olvido. Esta noche no viene Flegias Esta noche no nos visitará Caronte Esta noche Ela deja los cuerpos a las puertas del abismo

Andrea Suarez Núñez (Ecuador)

Con la poesía de Andrea tendremos la excusa perfecta.  En sus versos seremos la antorcha en días de campo. Suarez nos derretirá con detalles, empañará nuestros ojos imaginándonos gritos de felicidad. Sus letras tienen un mensaje para el lector: no hay que caer en un abismo por alguien. La soledad en invierno El clima nublado y las manifestaciones de mi corazón  herido y roto combinaron tan bien el día de tu partida,  que empezó a llover cuando mis ojos se empañaron.  Por un momento me sentí consolada por ello,  pero el   dolor seguía inmerso. Fue así como una noche en invierno decidió partir de la compañía de este repulsivo ser, y sin fundamentos  cuestionables, incentivándome así a pedir una entrada para el lugar menos deseado, pero más visitado, la  soledad. Hotel 321 Estoy en la última habitación de aquel hotel que  solíamos ir, imaginando nuestros gritos de felicidad  inaudita, que ahora se convirtieron en noches de  desvelos desde que t