Ir al contenido principal

Janis Andrade Marcillo (Ecuador)


La poesía de Janis es revolucionaria. Sus versos hacen explotar sensaciones en la oscuridad mientras llueven flores y las voces no dicen nada porque la piel se vuelve orgasmo.  Habrá noches que se hacen episodios en los que monstruos despedazan no solo el alma, hasta la risa desemboca en lágrimas. Su palabra toma forma de cuerpos estelares y buscamos en todos lados la algarabía o el silencio. Andrade nos espera entre sus poemas. 


Cosas que no siento

De todos los estacionamientos,

has escogido mis piernas abiertas

para descansar un rato.

 

Mirada hambrienta,

me desnudas para buscarla,

recuerdas que su sangre no está en mis venas,

entonces, sientes mi piel como caucho.

 

Me gustan los ojos tristes

cuando no son los míos.

 

Soy un estacionamiento,

a veces, de 20 minutos.

Y me agrada.

 

Grietas y pétalos

En la lluvia de flores,

espinas astillan su piel.

A mi niña le duele el costado

cerca del órgano hambriento;

cuando la noche aruña párpados

sueña con su cadáver

encima de grietas y pétalos lilas.

El mar se acurruca en la garganta

de mi adolescente,

desaparece en forma de bilis

vistiéndola de huesos.

Ella, pluma caída del pájaro enfermo;

yo, trueno sin voz;

somos, fruta que pudrió primero,

un nacimiento sin llanto.

Murieron otoños

frente a los ojos de mi anciana.

La artritis degradó su corazón;

el tiempo fue maleza disecando ojos,

hurtando colores…

Mi anciana anhela su cadáver

encima de grietas,

pero sabe que a los pétalos

les falta algo.

 

Papá

El monstruo que me asusta

tiene garfios en lugar de manos,

en cada toque despedaza mi alma.

Le atrae el olor de los cuerpos frescos…

“mi niña, qué linda luces esta mañana”.

 

No todos los monstruos aparecen en la madrugada,

el mío el desayuno prepara.

 

El crujido de la puerta es la señal

de que llegó y comerá:

“no digas nada, mamita se puede enojar”.

 

Agua salada moja la almohada,

mi piel tibia congelada;

cuando él se aproxima,

mi ternura se mancha,

 

Génesis

La infancia se escurre entre las sábanas,

sudor, luces apagadas,

ha iniciado la revolución.

Salvajes se desconocen.

 

Explotan sensaciones en la oscuridad;

entre movimientos las voces no dicen nada,

las manos se pierden,

y sienten como si naciera un sol.

 

Seguro el mundo comenzó así.

 

Si una mirada se asoma y los encuentra

diría que son un solo cuerpo,

una agitación, una voz.

 

Las bocas apresuradas chocan,

así nacen las estrellas se crea una luna

y los cuerpos estelares se sostienen en un lugar.

 

Han creado algo que la cima pronto destruirá,

el apocalipsis disfrazado de orgasmo,

pero qué importa

si en ese momento son su propia luz,

si han contemplado a sus propios dioses.

 

Seguro el mundo termina así.

 

Eco

Escupo tu recuerdo,

sepulto bajo sábanas que huelen a otros.

No hay luto ni silencio.

Qué bien luzco de rojo.

 

Encima otro cuerpo, al lado tu fantasma

grosero, imprudente,

contándome un cuento.

 

Mi risa desemboca en lágrimas.

 

Y te posas en rostros de desconocidos,

te haces escuchar en carcajadas ajenas,

atraviesas las paredes llenas de lamentos

hasta llegar a mí.

 

Eco sonámbulo, siempre puntual repitiéndome:

estoy aquí.


Biografía
Janis Andrade Marcillo. Nació en Chone, Ecuador (2001). Coautora del poemario "Fantasmas de otros cuerpos". Actualmente cursa la carrera de Comunicación en la Universidad Laica "Eloy Alfaro" de Manabí.

Comentarios

Publicar un comentario

Entradas populares de este blog

Karina Gálvez (Ecuador)

La poesía de Karina es aquella perla que brilla en la noche. Sus versos se convierten en caricias que maniobran a rienda suelta hasta convertirse en nuestro centro de gravedad. Su voz abraza sobre lienzo y lona, llevándonos al remanso de la fantasía donde se galopa de rosa en rosa y donde el poema se convierte en piel. Derramará ríos de prosa para llevarnos a lugares en los que nunca estuvimos, entre el alma y el deseo, llenando madrugadas hasta que el secreto se vuelva luz. Amazona Él, con su amor, me ha raptado como a Antíope raptó Teseo, y una guerra ha desatado entre mi alma y mi deseo.   En vano elevé mi pelta para huir de su mirada, pues sus ojos traspasaron cual sol entre mis pestañas.   Como Hipólita, ceñí en mi vientre un cinto lleno de magia, que él maniobra a rienda suelta en todas nuestras cabalgatas.   Y es que, igual que Belerofonte, sobre Pegaso revuela.  Sus alas, que lo hacen libre, me vuelan a una luna llena.   Talestris y Ale

Paula Andrea Pérez Reyes (Colombia)

La poesía de Paula Andrea es la llama que danza sobre las melodías de cada momento. En sus versos se ha despertado mi deseo y encuentro vida. La escritora Pérez Reyes suspira sobre sus corrientes y mantiene encendida las palabras, los gritos y las líneas de nuestros cuerpos. Me refugio en su escritura para escapar hasta llegar a otro aire, otro tiempo. Ela sobre la laguna de Estigia A Gustave Doré que sigue en la barca Ela va en la barca sobre la laguna de Estigia Ela suspira sobre sus corrientes  Y en un vaivén de venenos para prolongar el recorrido  encuentra  un alma atrapada en una esquina de la barca. La vida es una débil llama que danza las melodías de momentos  Ela es una vela que se mantiene encendida  alumbra sobre la laguna de Estigia El tintineo de las monedas hace contraste entre las moradas de la tierra y el mundo del olvido. Esta noche no viene Flegias Esta noche no nos visitará Caronte Esta noche Ela deja los cuerpos a las puertas del abismo

Andrea Suarez Núñez (Ecuador)

Con la poesía de Andrea tendremos la excusa perfecta.  En sus versos seremos la antorcha en días de campo. Suarez nos derretirá con detalles, empañará nuestros ojos imaginándonos gritos de felicidad. Sus letras tienen un mensaje para el lector: no hay que caer en un abismo por alguien. La soledad en invierno El clima nublado y las manifestaciones de mi corazón  herido y roto combinaron tan bien el día de tu partida,  que empezó a llover cuando mis ojos se empañaron.  Por un momento me sentí consolada por ello,  pero el   dolor seguía inmerso. Fue así como una noche en invierno decidió partir de la compañía de este repulsivo ser, y sin fundamentos  cuestionables, incentivándome así a pedir una entrada para el lugar menos deseado, pero más visitado, la  soledad. Hotel 321 Estoy en la última habitación de aquel hotel que  solíamos ir, imaginando nuestros gritos de felicidad  inaudita, que ahora se convirtieron en noches de  desvelos desde que t