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Betsabé Letamendi Ulloa (Ecuador)


La poesía de Betsabé puede hacer un temporal. Sus versos son el abrazo afectuoso, la palabra compasiva, la sonrisa impecable. La poeta Letamendi le da ese afán de vivir a los corazones áridos, toda vez que los vaivenes de las olas se llevan a lo profundo del mar la soberbia y la maldad.   Su palabra se siente en el viento de la tarde, en el texto hermoso que aún no lleva nombre. 


Un poeta

Un poeta ve en una nube

el rostro de una mujer hermosa

En un niño mugroso

el hambre y la tristeza

En una piedra

la belleza de la naturaleza

En la música

el vuelo de las gaviotas

En la poesía, el amor

En el amor

la ensoñación

En la hierba seca

un arco iris diminuto

Puede hacer un temporal

en una gota de agua

Puede construir

un imperio de cristal

Tratar de vivir con el oro

que da el sol

Puede ver en el mar sirenas

Puede saludar con un verso

Puede hacer de una lágrima, una canción

De la sonrisa de una madre, una oración.

Un poeta puede tener en un día dos auroras

En una noche, muchas lunas

En un cometa ver a Dios

Puede imaginar un alma en cada estrella

Puede conversar con el viento

Mientras sueña despierto.

Un poeta puede crear

Su propio universo

Un poeta duerme en la calle

Desnudo y descalzo

Y no lo vemos.

 

 

Un sueño nada más

Anoche soñé con la humanidad

Vi harapos, hambre y llanto

aviones y bombardeos

Niños muriendo con otros niños

Perro comiendo perro

Palomo comiendo palomo

Corazones áridos, soberbia y maldad.

Caminaba solitario un hombre

al que seguían en tropel

Otros hombres

Le arrancaban las ropas

y con ellas la piel

Le acuchillaban el alma

Y con el mismo cuchillo su fe

Vi crapulencia

lascivia y llanto

No conocían la paz

Ni el abrazo afectuoso ni la palabra compasiva

No sabían que podían ser buenos

Una bala atravesó mi ventana rota

y me arrancó la humanidad

Caída sin sentir ya nada

desperté de este mal sueño.

Sentí lástima por mí y por todos

y apagué el televisor.

 

 

Ya logro escribir sobre otros temas

Es como si he vuelto.

Luego de tantos años.

Dejé tu droga y tu prisión.

Ya para algunas cosas es tarde.

Me dejas ahora sí escribir sobre mi madre.

La luz verde de tus ojos

me dice sigue

Aún no existe alguien

que lleve tu nombre.

¿Te acuerdas de las dos auroras?

De gritar tu nombre al eco

De llevarme tus ojos cuando me vaya

De las tardes en la casita

Del whisky, la cerveza, el vodka

De las largas conversaciones locas

De mis sueños contigo

Del vestido azul

Del parque cómplice

en mis noches de celos

De Nicolás ¿Te acuerdas?

Ya me dí permiso

para vivir sin ti.

Estoy convaleciente

de tantas muertes.

Ahora ya logro escribir sobre otros temas.

 

 

Quiero decirte Señor que no fui mala

Que en el vaivén de las olas

yo fui barca

y que en el afán de vivir

hoy llevo cicatrices de fuego y sal.

Quiero decirte Señor que me perdí.

Y que en el mundo de mis semejantes

preferí

buscar la senda del error.

Quiero decirte Señor que es necesario

apartarle un lugar al amor y al ejemplo

Que en la familia es sagrado el camino

que muestra con valentía el padre

Que es sagrado el camino que enseña

la madre que te dice te quiero.

Pero Señor ¿si no hay eso?

Y el camino desconocido e incierto

te lleva por vericuetos oscuros y yertos.

Cómo se le puede llamar al alma que Caronte

dejó en el lago de los muertos.

Cómo se le dice al hombre que llora

porque no sabe ser feliz

Cómo se le llama Señor a la mujer

que no sabía que podía ser buena.

Ellos no ven la dulzura de tu compasión

No saben que eres Padre y proteges

No sienten tu amor

No tienen la culpa tampoco

Pero quiero decirte Señor que no soy mala

que en este poema

se desangra mi alma

pidiéndote perdón por todo el tiempo

que no te conocí

porque la ignorancia me causó dolor.

Es tan calmado todo ahora que

quiero decirte Señor con los ojos llenos

de alegría

Que te encuentro en mis dos auroras de poeta

Que te siento en el viento de la tarde

Que entra por mi ventana

Que te siento en la mirada del ángel

Que habita en mi nube de niña

Porque tengo estrellas propias

Nubes propias

Y un arco iris diminuto que es solo mío

y que fueron un regalo de María.

 

 

Sigues ahí

Sigues ahí, mutilando mis ideas

Carcomiendo mis sentidos

Escupiendo sobre el fango

en que me hundo.

Estas ahí con tu sonrisa impecable

Con tus ojos de gato hipnotizando

a tu presa.

Mi corazón vierte su vino

sobre la copa de tu boca

Tu sangre como lágrimas cae

sobre mi pecho

Ya no puedo hacer nada

Solo reír como loca

Mientras me arranco

el puñal

y te lo entierro.


Biografía
Betsabé Letamendi Ulloa, nació en Guayaquil. Educadora, periodista, poeta, cuentista, directora de teatro, ajedrecista, cinéfila, lectora e investigadora incansable, activista por los derechos de los animales.

Licenciada en Literatura y Español por la Universidad Santiago de Guayaquil.

Periodista por la Universidad Laica Vicente Rocafuerte.

Ejerce la Cátedra de Lengua y Literatura en una prestigiosa institución del país.

Co-Fundadora del Grupo Cultural-Literario Re-Verso de difusión nacional (colectivo dedicado a la poesía y a la promoción cultural. Año 2006.

Enseñó ajedrez y fue juez de torneos en el país.

Ha realizado estudios de actuación y dirección teatral, desempeñándose como maestra de teatro en prestigiosas instituciones educativas.

Ha dictado seminarios de Iniciación a la Poesía y de temas educativos en general.

Ha dictado conferencias y participado en festivales de poesía en universidades y colegios de la urbe.

Ha publicado poemas en revistas y diarios del país.

Trabaja constantemente por la innovación educativa.

Activista por los derechos de los animales.

Tiene listo su segundo poemario, un libro inédito de cuentos y trabaja en una novela.

Temporal en una gota de agua es su primer libro.

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