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Óscar Escobar Castañeda (Ecuador)


La poesía de Óscar busca la libertad a cualquier costo. En sus versos maduran las palabras, todo se vuelve vértigo y vino. En su texto probaremos el pecado, el calor de aquella luz, y el mar en el que habitan sueños esplendorosos. Arrancará de nosotros nuevas pasiones hasta hacernos vivir lo que ya no existe. Es enfático al recalcar que en la intimidad no hay mentiras.


6


Inevitable 
Desesperadamente
Y con necesidad vuelvo a ti, palabra roja:
regalo de la cochinilla,
delicia del primer fuego
que alentó el paso de los primeros
habitantes.

Manzano de soles que da sus frutos 
dentro de las crónicas difíciles de nuestra historia
palabra pura de agua
que la invocación vuelve vértigo y vino.

Dolor que es la clave constante
que nos recuerda que habitamos
los confines de la misma piel.

Lo que nos une a la bestia peluda,
al pez, al pájaro— todos vivimos
dentro de la sombra sagrada
del árbol de la sangre.

Punto cardinal de los enigmas
rubor del maíz rojo,
sonrisa entre los dientes

Avanzo hacia tu encuentro,
palabra roja: familia infinita.

 

9

 

Esta lluvia que golpea los cristales 
es la misma de ayer.

Oyes el golpeteo de sus gotas, 
como un tamborileo 
que no acaba jamás.
En Medellín llovía.
El azar teje encuentros
como la ciudad calles
que desembocan en la misma plaza.
Esta lluvia que bate los cristales 
es la misma de ayer.
El rumor de sus gotas 
ha estimulado el árbol de tus nervios. 
Has vuelto a vivir lo que ya no existe. 
Has ido y regresado.
Te has encontrado en uno de los vértices 
al niño que fuiste, mientras miraba 
absorto la lluvia tras el cristal 
y en los otros, al muchacho, al joven 
y al adulto que fueron 
el hijo de aquel niño.
Has caído en la búsqueda de tu ser 
desde la alta cúspide de tu insomnio.
Has amado preso en la libertad del amor. 
Has buscado por calles que se 
borran en la bruma la intersección
de lo que captan los sentidos 
con lo que intuye el sinsentido.
Has visitado un Santo.
Has sentido el calor de aquella luz 
inexplicable que te hizo salir de tu cuerpo 
una noche, mientras éste se fundía con el universo.
Has vuelto a amar. 
Has sido para ser. 
Buscas en este segundo que 
pasa el concierto de todas 
las fuerzas que te inventan.
Eres una partícula en la galaxia 
que gira en la nada, 
un ahora que se recuerda a sí mismo 
en el parpadeo de los milenios.
Quien escucha llover ya es otro.
Está sentado en un cuarto futuro 
que tú aún no conoces. 
Te contempla 
salir de tu alcoba, cerrar la puerta 
y caminar por el jardín en donde 
respiras la humedad de la noche.

Esta lluvia que bate los cristales 
es la misma de siempre.

 

48

 

El mar me habita de sueños esplendorosos:

botes negros en una bahía azul,

velas blancas con algas y conchas.

Sobre el mástil, una gaviota blanca y negra en el mediodía

recién lavado por las olas.

He aquí el día con la edad del mar en los ojos:

ese vendaval espumoso apretado contra los dedos,

la arena en los pies

o las piedras filudas que hieren de lejos

como dioses armados de dardos invisibles.

Estoy en el fondo de esas cavernas marinas

donde duermen los lobos,

donde pastan los caballos marinos

y hay culebras que a uno le corren por el cuerpo

cuando se alargan las manos

buscando misteriosos tesoros de bandidos muertos.

He aquí el día en que maduran las palabras;

como si fueran cerezas maduras

las picotean los pájaros,

y las marejadas, como palos flotantes,

las estrellan contra los acantilados.

Se triza el vidrio de la juventud

cuando Dios camina sobre las aguas

y la niebla apenas deja entrever

la luz de un faro atormentado.

Aquí: marineros deformes, ahogados

por sus cuerpos de barro y pecado,

yacen en el fondo marino, entre algas, cangrejos,

durmiendo con una sonrisa pálida

que ilumina los huiros dorados de luz.

He aquí el día en cuyas caracolas

resuena el Pacífico; su rumor

me hiere como un profundo rasguño en la piel

en el que se grabará el tiempo para siempre...

 

 

40 

 

Tengo amontonadas las ideas

las empujo que caigan directo al fuego

antes de salir de mi boca,

hoguera de animales marinos, enjaulados engranajes que anhelan su vuelo

para imitar a la naturaleza,

y en la primera plana

los verdugos van disparando sobre músicas robadas

reinicia la sensación de crecimiento,

cuando quería salvarme, hordas de vida

me fueron imposibles a la vista,

sería irónico caer en las manos de la justa muerte

ahora que arrancaban nuevas pasiones,

comienzo a comprender la maldición que los dementes le hacen a la gente normal,

en la esquina del callejón, dos adolescentes son asesinadas,

ya no necesitamos drogas para alterar los sentidos,

ni vanagloriarnos con temas de nenas y peleas ganadas,

las ratas comienzan a buscar nuestros besos,

la espada de Damocles nos ha esperado pacientemente,

os verdaderos locos viven humillados,

una leve iluminación,

mi mente se abre a un bosque reforestado,

al cielo blanco áurico,

que cobija de espíritu y sobriedad

las calaveras que celebran la última puesta de su traje de carne cruda,

todo es más sabroso al paladar de mi vida corriendo en un segundo,

a nadie más que a mi le debo mí ruina,

cosquillas de barrio recorren las calles,

llegan directamente a acribillar mi juventud perdida.

A estas alturas, los poemas de leones son gatitos cayendo por la escalera de mi garganta,

¿te parece que estoy solo?

No me importa, ya no respaldo ni me opongo a ninguna causa.

Sin mí, el mundo no convulsiona.

¿Es una nueva etapa y comienzas a extrañarme?

ojalá nunca descubras el delgado hilo que conduce a lo desconocido

y a la morbosa perdición de probar mis pecados,

los peces de mi boca comienzan a provocar a los gatos

que se levantan en los escalones de mi esófago,

no tengo la intención de entregar mis mejores palabras al público académico y conocedor,

y si lo hago, dirán mis heterónimos que gritan a distancia:

NOS EQUIVOCAMOS EN TODO.

Busco la libertad a cualquier costo,

si he de morir quiero que sea en total obstinación

quiero que el demonio reciba con su boca mi excremento,

exijo más verdades,

mi Padre decía que en la intimidad no hay mentiras,

quiero que un pez mecánico volador escape de mis fauces llenas de felinos,

deseo debutar en la página 16 de un diario amarillista,

que mis compañeros no lloren mi muerte, mientras mi viuda baila charlestón sobre mi tumba,

y que jamás un karma me traiga de una regresión al abismo,

espero que, en mi próxima vida, mis latidos siempre retumben un estallido

y que el destino no se encuentre sometido al reinado

del Dios que habita en el extremo de un cirio

y que hoy ha decidido arrancarme la voz

con casquillos de plata.

 

36

 

 

Mi madre,

jamás usó la cacerola para jugar a la mujer responsable

la empeñó en una tienda de rayas y

se compró con el dinero una ola negra

como la lengua de quien usa el tocador para decirse ciertas cosas

 

Para lamer la noche

usaba la sal     endulzaba el cuerpo

la espuma blanca

le roía los muslos de arena       haciéndoles anotaciones

contando los días que llevaba sin sentir

entre las piernas         el escurrimiento de un poema

 

Nadie había visto nadar una ola

en el mar de olas

hasta que ella se paró de pie juntillas y

declamó una o dos o tres recetas de mejillones al ajillo

Nadie había visto a una mujer escribir como mujer

Nadie había previsto

que se desnudaría el torso    se levantaría la falda

se recostaría contra el muro    abriría los sentidos de la carne

esperando con sonrisa maliciosa      la embestida del poema

 

Nunca usó la cajita de especias que le regalaron

cuando era niña y perseguía nubes en su bicicleta vagabunda

 

Se tatuó una escoba para recordarse que nunca usaría una escoba

Esperó que le creciera un rosal en el corazón

pero en vez de eso comenzaron a nacerle caracolas

 

Ella dijo: soy una y soy miles

mis voces se replican en el bramido de la piedra

quiero volar y más se agitan las olas de las nubes

quiero correr tras los cangrejos que se fugan en la arena

quiero yo misma ser fuga

dejar de tener pies para volverme sirena

 

Ella dijo: en el bosque azul que me circunda

se balancean y cantan las demás sirenas

 

Ella dijo: traigo en mi bolsillo del chaleco

la ola negra que compré para esta noche

 

34

 

Esta calle mi calle
se parece a todas las calles de mundo
uno no se explica por qué
suceden tantas cosas en un minuto
en un hora en doce horas
desde que el sol preña la tierra.

Tiene puertas como bocas sin dientes
Las mujeres se asoman a las ventanas
y miran tan lejanamente…

Sobre un alambre en el que los días
hacen equilibrio cuelgan a secar
medias, camisas y pantalones rotos.

Tres mujeres con cara de pocos amigos
esperan el bus. Son modistillas
que van a los talleres de la ciudad
a coser su miseria con una aguja de oro.

La beata de enfrente
acaricia con uvas a un gato lustroso
y le dice “my darling”
mientras un estudiante regresa
a su cuarto de hotel
donde la cama en actitud de mujer pariendo
espera su saco de huesos
y colgado en la pared con una cinta
el retrato de la novia
que se ahorcó en sus trenzas
y ya tiene dos hijos parecidos
a su marido el boticario

Al final de la calle está la casa
del farolito rojo
a donde van prostitutas niñas
con pelo color de miel
y senos como dos monedas de centavo frías

Esta calle mi calle
se parece a todas las calles del mundo
se ven estas cosas y otras cosas…


Biografía

Óscar Escobar Castañeda. Antropólogo de profesión, vinculado a instituciones que trabajan a favor de los derechos humanos de personas en contexto de vulnerabilidad. Ha realizado publicaciones colectivas, actualmente prepara un poemario “Mañana estas calles llevarán otros nombres”, papá de Sofía y Alejandra, lector universal, amante de los gatos y del mar.

Comentarios

  1. Jessica Villacrés20 de enero de 2022, 5:16

    Me encanta la capacidad que tiene Oscar de hacernos vibrar, sentir e imaginarnos en los escenarios que el nos propone.

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  2. Excelente poeta, visionario de la vida...nos exhorta a salir de la cotidianidad y volar en nuevos mundos imaginarios....gracias

    ResponderEliminar

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