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Carolina Bustos Beltrán (Colombia)


 

La poesía de Carolina es esa figura clásica, estática, moldeada por los dioses. Sus versos son el perfume sabio que se escurre en mi deseo, en la voluptuosidad de todas las formas. El aroma de las palabras de la escritora Bustos articula los pensamientos entre la evocación y la melancolía. En su texto he sospechado siempre la inexistencia del tiempo y me convierto en testigo de la delicia de su mundo entero.

 

Con aguja e hilo

 ​        Ayer bordé tres tristes margaritas para cubrir tu rostro con ellas. Tus ojos se quedaron en silencio como si la aguja pasando con el hilo los hubiera cerrado para siempre. Voy entre la penumbra cosiendo tu imagen, los trozos que se escapan de mi tacto son simples ensoñaciones que intento conciliar cuando aún con torpeza bendigo esa figura clásica, estática, moldeada por los dioses, que es tu cuerpo. Un refugio cálido donde reposa mi inercia a contra natura. Olas vagas de plenitud y sensualidad. ¿Qué es suficiente para tu evocación? El aroma de tus palabras, la rima de esos dientes, el azar de tus mejillas, el rictus de esos dedos, la arena de tus manos, el dolor de ese colon, la irritación de tus uñas, el sabor de ese insomnio, la terquedad de tus sueños, los colores de esos defectos, la fragilidad de tu pantorrilla, o la pelota de piel que escondes en la pierna; y lo más grave y también lo más frenético: esa lengua que está dentro de esa boca, de esos labios gélidos como una violeta estelar, se abstrae completamente y va perdida hacia el instante lunar donde se fugan las evidencias. Me sustraigo estéril de esta insípida realidad, voy cerrando esa lengua que articula pensamientos, esos labios que ya no me besan, esa boca que añoro tierna, coso todo con el mismo hilo que pasa erguido gracias a la aguja artificiosa. Voy cosiendo tu recuerdo persistente, borrando la voluptuosidad de tus formas, coso. El bordado se hace delicia cuando está cargado de sentido.

 

 

Paredes rotas

Esta es la misma habitación donde todo se hace permisivo e impune, de donde me fui porque yo en ella no era suficiente y el espacio se hacía pequeño para guardar las mentiras.

Esta es la ventana por la que tantas veces miré al sol hacerse viejo y a la lluvia jugar con el viento. La pluma está inerte en el borde de la mesa donde nunca más escribí. Todo está lleno de polvo. Los libros se mancharon con restos de café y de amargos desengaños, sus hojas se volvieron amarillas, las carátulas perdieron sus colores vivos. Nadie más abrió sus páginas para que ellos relataran alguna historia a la niña que quería dormir.

Este lugar entero, simple y triste, deja de lado cualquier nombre articulado por mi voz, una ceniza cruda de paredes rotas que no tienen dueño. Estos muros desposeídos por las circunstancias nuestras, víctimas de adioses prematuros, de gritos y de abrazos de ensoñación vacía. Esas paredes, testigos de lo que fue nuestra ficción, se desquebrajaron como barato hormigón. Ahora otra ropa vaga por el suelo, otro perfume impregna la cocina, otro cepillo de dientes ocupa el lavabo, otros pelos se cuelan por la tina, otra vida que no es la mía hace parte de esas paredes que corroen tanto el recuerdo como la salinidad del mar.

Las paredes están vacías, rotas, la ventana no tiene fondo, no canta el mar, las montañas no circulan en su vagar estático, indómito, casi presente. Este lugar por el que paso como si fuera un desierto, ya no me llama por mi nombre. Me ve como una sombra rulfiana que se pega con equilibrio a las aceras para no dejarse caer y conservar al menos fragmentos de memoria.

​ Así se va todo. Con el paso del tiempo no importa casi nada. Cada minuto pasará inútil diluyéndose en los días sin fin. Todo se irá en añoranzas imprudentes, pero se irá.

La mente obstinada con el recuerdo regresará a pegar con engrudo emocional un poco de dignidad al lugar donde un día vivió feliz de alguna manera.


Fantasmas 

Se les escucha vagando en las esquinas del nervio 

así como sus voces son ecos de evocación y melancolía.

Asechan, se posan en escaparates rotos, 

se llenan de polvo como los juguetes viejos que (ya) nadie quiere tomar.

 

Yo llevo viéndoles desde hace meses, mirarme sin recato,

intentando disturbar el paso lógico de los días. 

Reclamando que los tome entre mis brazos y les haga mimos

Sonriéndoles con muecas tibias que buscan besos.

 

Son fantasmas alados, brillantes llenos de rústica poesía.

Fantasmas lúcidos, humanizados con perversa ironía

Fantasmas alquilados para noches eternas de insomnio 

son fantasmas (al final) con nombre propio.

 

Arrogante ignoro el rumbo de mi deseo.

Repelerlos, quizás cazarlos,

embalarlos en frascos, 

exhibirlos en botellas o dejarlos olvidados en el mar.

 

Vosotros a los que he hecho germinar en mi vientre

Víctimas insaciables de mi propio desasosiego

Frutos rebeldes de mi tiempo… (paréntesis)

Paradoja del placer, instante que emigra.

 

Oh, fantasmas, dejadme seguir,

la larga ruta revindica mi paso.

Su perfume sabio se escurre en mi manga, angustiosa telaraña. 

Me ordenan temperar, no fundir mis huesos en su arena.

 

Fantasmas, yo con vosotros río

y vosotros os reís de mí. 

 

Mirad atentos, la misma raíz erguida en la tierra 

resiste en mantener intactas vuestras sombras

 

 

Dícese de fantasma

Fantasma: resquicio de algo que no se puede nombrar

Fantasma: sombra imprudente que vagabundea sin rumbo

Fantasma: cultivo masivo después de la decepción

Fantasma: mujer minotauro con vestido de pepas

Fantasma: hombre gigante con múltiples rostros y pantalón blanco

Fantasma: gato perdido en una sobre-exposición solar

Fantasma: roca marina rellena de pulpa

Fantasma: fotocopias de gemidos átonos 

Fantasma: rastros de tinta en cuaderno de secundaria

Fantasma: proposición insensata llamada petite culotte

Fantasma: lustros y estratagemas para olvidar

Fantasma: cabellos quebradizos; espantajos gigantes o enanos

Fantasma: boca sedienta; sequía

Fantasma: piel sin cáscara; fantasía

Fantasma: aroma suyo; quimera

Fantasma: roto sin cicatriz

Fantasma: remiendo sin costura

Fantasma: merodeo inclemente de la presencia de su ser

 

Según la RAE existen ocho acepciones de «fantasma» en lengua española.

Según yo, solo mato versos o intento describir al fantasma que me ronda.

  

Une hirondelle ne fait pas le printemps

A veces las mismas golondrinas emprenden su vuelo,

no saben qué va a llegar marzo con disfraz de enero

y tendrán que escaparse con las plumas en las patas

sospechando un tiempo inexistente.

 

Biografía

Carolina Bustos Beltrán (Bogotá 1979)

Poeta, narradora, traductora y docente, reside en Francia desde 2003. Ha vivido también en Portugal y España. Es autora en relato de Sueño Stereo, Caza de Libros (2014) y Altazor (2017). En poesía de Polifonías Dispersas -Un Libro por Centavos- Universidad Externado de Colombia (2018), Estación tropical y otros poemas sinuosos, Nueve Editores (2020) y Lecciones de UrbEnidad, TaBogo y otras ciudades recorridas, Nueve Editores (2022). Sus poemas, relatos y ensayos han sido publicados en antologías, revistas y blogs. Ha sido galardona en cuento, relato breve, escritura dramática y poesía en España y Colombia. Algunos de sus poemas han sido traducidos al francés, al portugués, al alemán, al inglés, al chino y al italiano. Ha participado en festivales de poesía y en diversos encuentros literarios internacionales. Es cofundadora del colectivo artístico Crue Poétique. Le encanta el tarot, lee en el RER A y es madre de Tomás.

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