Anoche soñé versos irrecuperables
que juraría daban forma a un poema breve
Pero suficientemente alentado
En él me desentendía de mi repertorio
de acordes simples y viejas palabras
Superaba sin cansancio el estado
de cosas que sugiere la ocasión de turno
Hoy desperté queriendo haberlo escrito
o incluso grabado con voz somnolienta
Recitándolo sin pausas
Cual poseso que alguien divisa
en Varanasi o caminando
por calles que suelen cambiar de nombre
En todo caso agradezco esa luz que da
el filo de espadas que nunca han herido
y la sensación de hablar en lenguas
Como despertando por encargo junto
No guardo mechones de pelo tuyo
Prendas
Fotos ni cartas
Y nunca nos dimos un verdadero beso
De modo que mal podría recordar el sabor
de tus labios o el aroma de tu piel más joven
Tampoco vimos juntos amaneceres
o puestas de sol abrazados en alguna playa
Y desconozco la fecha en que cumples años
Y por lo mismo
Tu signo zodiacal
Jamás viajamos dejando atrás la ciudad
que finalmente los dos dejamos sin drama
ni despedidas
Pero conservo el sonido de tu voz hablándome
Como quien cultiva el hábito de conservar
Las verduras en agua
No importa cuánto leas o escribas
Porque ni toda la poesía del mundo
nos salvará de nuestro destino
Tampoco importa cuándo lo hagas
Porque los versos no detendrán
la llegada de lo inoxerable y el poeta
jamás ha escrito la Historia del pueblo
Desde casi ningún ángulo se avizoran
atisbos de heroísmos ni de martirio gozoso
Y cuando percibimos el sonido circular
de la rueda de la fortuna
Solemos terminar viéndola llevar a otros consigo
Pero si todas las ruedas continúan girando
y mantienen al mundo en movimiento
Tal vez se logre atravesar una de ellas
con un palo para verlo salir expulsado
En oraciones pido que los odiadores
no se topen con los versos de mis amigos
Que los filisteos nunca los lean
y los críticos no sepan de ellos
Que su poesía continúe destilando el rocío
y las hormonas que llevan al cortejo
Que si alguien desea disectar sus palabras
y extraer las reglas de sus juegos
Solo se aventure una vez que nos hayamos acogido
Para siempre a nuestro derecho a guardar silencio
Cuales refugiados de buque sin bandera
o nostálgicos del cine mudo que todavía
confunden lectura de labios con adivinación
Juan Pablo Leppe Guzmán (1979). Es diplomado en poesía universal (2018) y en poesía chilena (2022), por la Pontificia Universidad Católica de Valparaíso.
El año 2012 autoeditó y publicó su primer poemario titulado “Archipiélago”; el año 2023 publicó “Los paisajes súbitos”, con Marciano Ediciones, y el año 2025 publicó “Promesas de la incertidumbre” con la misma editorial independiente.
Ha vivido en las ciudades de Santiago, Barcelona, Valdivia y Santo Domingo. En la actualidad combina el ejercicio del Derecho con el trabajo literario.
Los siguientes textos son un adelanto de su próximo poemario titulado provisoriamente “Versos de amor y sobrevida para Calíope”.

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