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Abel Cardejal (Perú)

La poesía de Abel destaca cada camino libre. Sus versos sujetan pesares, luego perdonan  los rencores y la libertad se vuelve carne ligera y tibia. Su palabra se hace tinta, va derramándose en los poemas que respetan el silencio mientras su voz se desata tomándose la vida.  Amelia y Amanda  Amelia se empaña de un recuerdo ingrato y Amanda se manda con el odio barato. Amelia contamina su boca de chismes inciertos y Amanda abandona su calma, que está sin alma.    Ellas no se conocen, son vecinas añejas que sujetan pesares y Amelia peca de inofensiva, con sus pecas sensibles. Ellas no se hablan, son reinas del vocablo libre coqueto y Amanda se ríe sonrojada, por el silbido inquieto.    Amelia cambió su hábito deseable, por la dieta visual; se negó a volver amar, sin obedecer a su intuición. Desencadenó una barrera en su conciencia abandonada y jamás volvió en sí, por no olvidar que fue de mí.    Amanda se calumnia de soltera,...

Carmen Rojas Larrazabal (Venezuela)

La poesía de Carmen abre la puerta transparente del alma. Sus versos nos dejan el anuncio de la felicidad, aunque hay veces que el agitado silencio dibuja la nostalgia. Despertaremos con sus poemas siendo el cáliz, rescatando todos los amaneceres, así como todos los espacios dentro y fuera de la sed. Sus letras son las nubes que acuden a nuestra mirada, el faro de la última palabra que derriba cualquier corazón rebelde.   Las raíces que no siento Desperté sobre la mesa tendida EL primer día del nuevo año, como un cáliz desnudo sobre el tiempo. Mis pies en equilibrio circular, Contienen el eje de esta nueva forma en el mantel, erguidos y firmes como el pedestal descalzo de mi silencio. He labrado con las uñas mis espacios dentro y fuera de la sed Los Dedos son árboles creciendo en el centro de mis manos, alzando sus ramas hasta la altura de la piel de un día más. Aunque entiendo que muy dentro en las heridas, las alturas no se miden desde abajo. Se miden desde el centro d...

Sulma Montero (Bolivia)

La poesía de Sulma son los pasos que quedan grabados en la memoria de los días. Sus versos visten y desvisten, llevan el ritmo, abren los caminos y su travesía alcanza una nube de seda. La poeta Montero recorre los confines sigilosos con pensamientos agitados, la faena se vuelve dura y pensativa pero el corazón resiste tomando la forma de una rosa en el ojal.   1.   Los pasos se quedan grabados en la memoria de los días. A veces se aproximan sigilosos o se pierden como ecos en la distancia. Otras se deslizan bañados por la energía que brota del universo. Se despiden marcados por el desamparo. Tiemblan sin dar la vuelta o transcurren incompletos y perturbados.   Seguirlos es estar alerta a sus desvaríos es acercarse a su agitado rumbo es entrar en su cómoda manera o en su coqueto andar.   Como escribir las letras que faltan a las palabras acomodando su enigma a un sentido a una señal completando su correspondencia c...